Así es: 12 días después de mi llegada a tierras alemanas, los bichos y bacterias que habitaban el baño de mi habitación y la habitación en general han sufrido un duro revés y su esperanza de vida se ha acortado drásticamente ante el cambio de ecosistema después de que sus organismos ya se hubieran acostumbrado a los tiempos de bonanza a los que los tenía acostumbrados por mi falta de limpieza. Lo cierto es que llebaba días aplazando lo inevitable y ahora por fin puedo decir que he limpiado mi habitación por primera vez.
Recuerdo que la última vez que fui relativamente independiente fue hace unos dos años cuando me fui con unos amigos a disfrutar de los parajes culturales de Benidorm durante una semana. Alli también teníamos un apartamento con su respectivo baño: lo que ocurrió alli es que los días iban pasando y en la vivienda existía como una especie de Contrato Social como el de Rousseau mediante el cual los habitantes de la morada vimos cual era la situación que nos convenía a todos: mentalizarnos de que alli estaríamos una semana y que no hacía falta limpiar, pues a pesar de que la situación fue haciendose insostenible con el paso de los días, también es cierto que el punto máximo de esa insostenibilidad coincidió con nuestra marcha del piso, que abandonamos como quien deja una bomba biológica a sus espaldas. De hecho, el piso fue utilizado posteriormente como aula de prácticas de alumnos de criminología (los futuros CSI), pues parece ser que sería mucho más costoso simular una situación como esa, cuando realmente ya podían disfrutar de un escenario repleto de muestras biológicas de muy diversa índole.
Pero en fin, ya me estoy desviando un poquillo. Lo cierto es que finalmente no fue tan trágico y lo que más me costó fue encontrar una fregona en Alemania, que al final obtuve por el módico precio de 3,98 € (con el palo). Pero bueno, en otro orden de cosas, hoy he sido timado por dos máquinas: en primer lugar por una máquina de chocolatinas de mi facultad que después de efectuar el pago me impidió acceder al suculento manjar que yo había seleccionado previamente (2 barritas Kinder cuyo valor era de 50 centimos). En segundo lugar fui estafado por la secadora de mi residencia hace escasos minutos cuando esta se tragó 1 € antes de que yo pudiera hacer nada. En estos momentos dicha secadora se encuentra rodando con mi segundo euro y más vale que me deje la ropa bien seca.
Es cierto que no todo ha sido malo, pues después de ser timado por la máquina de las chocolatinas, me dirigí hacia la cafetería, donde me cayó un café del cielo, ya que estaban calibrando la temperatura de salida del agua de la cafetera y fui una pobre cobaya que tuvo que probar el susodicho café gratuito aportando el siguiente veredicto: “Por temperatura, tragable aunque lo suficientemente caliente como para no ser bebido de un trago”…en fin, dejo todavía pendiente mi entrada sobre Oktoberfest…hasta pronto.










Muy buenas.
Después de varios días, me he animado a comenzar a leer este blog y me he papado las tres entradas en un plis.
Me ha gustado la redacción marca de la casa, ciertas referencias muy severas (“bombandeándote”) y otros detallazos como lo de Rousseau xD
Compadezco tus quebraderos de cabeza con la limpieza xDDDD
Prometo seguir leyendo y sumergirme por unos minutos al día (o a la semana) en lo que es un Erasmus en Alemania.
Un saludo.