Antes de hablar de las maravillas de ser busero en Alemania, voy a hablar un poco sobre la visita que he realizado con mis companeros de Erasmus a una de las fábricas de Audi, concretamente la que se encuentra en Ingolstadt y en la que por cierto cabría el principado de Mónaco enterito. La verdad es que uno sale de allí con ansias de comprarse un Audi (si es que no las tenía ya antes) pues mientras te van ensenando todo el proceso de creación de los coches, te van empapando también con esa innata eficiencia alemana para que veas que bien y que limpio trabajan todos.
Despues de ver todos esos robots moviéndose milimetradamente y totalmente acompasados como los del anuncio de Citroen de hace unos anos, a una persona como yo, que estudio una carrera de naturaleza intangible (Publicidad), le entran ganas de dejarlo todo y empezar con una ingeniería para ponerse a trabajar en cosas de verdad. Sin embargo esta sensación dura solo unos minutos y uno vuelve a su estado natural de publicista en cuanto ve el símbolo corporativo de Audi o el vídeo con el que nos mostraron las capas de pintura que lleva un coche (muy artístico el video). En ese momento te das cuenta de que de nada sirve el producto si no hay nadie que lo venda y que le anada valor una vez concebido.
Lo que sin duda me ha quedado claro es que sin algún dia me compro un Audi, lo iré a buscar personalmente a la fábrica (200 personas hacen esto al día en la susodicha fábrica), pues además del ahorro del transporte (que se va a la mierda con el desplazamiento hasta allí) y de la visita guiada que te hacen, te vas te allí con el depósito lleno de combustible de serie. Esto último ha sido bastante recalcado por la guia y también le he preguntado de nuevo para asegurarme. Espero impaciente la visita a BMW de dentro de un par de semanas para poder comparar logisticamente ambas marcas y poder sacar conclusiones de quien trabaja más limpio.
Sobre el autobús tengo que decir que ya desde pequeno siempre me ha parecido que los buseros eran unos privilegiados por poder ir a todas las excursiones a las que yo iba con tanta ilusión (aún por encima conduciendo). Lo cierto es que justo ahora y paralelamente a mi leve madurez, cuando empezaba a ver importantes inconvenientes a eso de conducir autobuses de un lado para otro, me encuentro con que en Alemania los buseros cobran tradicionalmente una propina de todos los viajeros que van a bordo (quien no paga es un borde). Cuando vi al representante de la Universidad de Passau caminar por el bus con un vasito lleno de monedas creía que era para costearles el viaje a nuestros guias para que no pagaran nada; sin embargo resulta que era para el conductor que a grosso modo y a juzgar por el volumen de monedas dentro del vaso, se sacó a mayores unos 30€ al margen de su salario.
No está nada mal esto de ser busero en Alemania.









